La vida de Jim Collins cambió después de ganar la beca MacArthur en 2003. La gente pensaba que era un genio y no paraban de recordarselo.
Odio que haya gente que trate de encasillarme.
Odio a la gente para la que el mundo es demasiado complicado tal y como es.
Odio a la gente que tiene que simplificarlo a costa de meterme a mí en un saco en el que no quiero ni debo estar.
Odio a los intolerantes cortos de mente que se sienten obligados a comprender el mundo para sentirse bien con ellos mismos y encasillan a los demás como medio de dar rienda suelta a sus prejuicios.